POR BRUNO RUFFINENGO


Cumpleaños, reuniones, actividades, educación, baile. La resistencia de los barrios más golpeados durante los 90' y 2000 palpitaba latente en los clubes, los centros culturales y las sociedades de fomento. La luz, las cloacas, el asfalto, la seguridad; los vecinos se agrupaban en los momentos más complicados, apoyados unos en otros para mantenerse en pie en la vorágine de la crisis económica y social
En aquellos años, la Sociedad de Fomento Villa J. Nuñez sirvió como comedor, sala de primeros auxilios y centro de asambleas para los vecinos de Sarandí, quienes ya conocían aquel edificio desde hacía más de 60 años. Con los años y la estabilización del clima social, el edificio siguió albergando actividades comunes de un centro comunitario, siendo también la sede de cumpleaños, festejos y peñas. Sin embargo, por el cierre total en la pandemia, la falta de trabajo y la imposibilidad económica de mantener el edificio en buenas condiciones, la mayoría de actividades cesaron, cerrando las puertas del espacio casi totalmente.
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